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Ahora que estamos aun aprovechando del descanso veraniego, no queríamos dejar pasar esta oportunidad para dejar unos breves y prácticos consejos sobre cómo enfrentarnos a las vacaciones con una persona afectada por la enfermedad de Alzheimer u otro tipo de demencia.
Lo primero sería, estemos de vacaciones o no, y con estas temperaturas tan alta, preocuparnos de que el enfermo/a está siempre hidratado. Por lo general la persona afectada no será capaz de decir que tiene sed. Debemos ser los cuidadores quienes les demos agua, sobre todo en las horas centrales del día.
La ropa de verano es algo que también tendremos que elegir. Escoger telas naturales como el algodón y tonos de color claro nos ayudará también a refrescar en la medida de lo posible, evidentemente le tendremos que regular el aire acondicionado del lugar de la casa en el que se encuentren.
A parte de estas recomendaciones que afectan a toda la población en general, habría que tener en cuenta que cuando se sale de su entorno habitual el paciente lo nota, se pone inquieto y las medidas de protección deben ser mayor.
Hay mucha gente que en el Centro nos dice que van “al sitio donde han ido siempre”, ese piso en una playa cercana.

Lo que siempre explicamos es que en la mayoría de los casos, ese siempre ya no es recordado por el paciente, y al sacarlo de su domicilio habitual las cosas cambian, y mucho.
Así, el cuidador/a tiene que ser realista. Es el que pasa mayor parte del tiempo con el enfermo, por tanto el que más le conoce. Por esto tiene que ser realista y entender que hay cosas que si pueden hacer y otras que no. Esa responsabilidad es del cuidador/a siempre.
El momento del viaje siempre tiene que ser cómodo y seguro. Si es cercano mucho mejor, sino realice paradas y cuéntele siempre adónde vas, aunque lo tenga que repetir muchas veces.
Aunque estemos fuera de casa y lo suyo seria romper con la rutina, lo que mejor le viene al cuidador, pero para el enfermo es todo lo contrario. Sería bueno no romper con la rutina suya y al menos que tenga las mismas horas de comida y sueño.
El verano además puede ser un tiempo para reunir a las familias, con esto hay que tener especial cuidado con los enfermos de Alzheimer u otra Demencia. Intentar siempre dejarle un espacio para que estén tranquilos con dos o tres personas. Si no recuerda a alguien calmarlo y restarle importancia.
En la playa o el campo, vigile su orientación, nunca lo dejen solo. Es bueno que si se quiere bañar que lo haga con algún familiar y si se combina con los nietos mucho mejor.
El verano además es un buen momento para las relaciones intergeneracionales, abuelos-nietos, y puede ser el lugar acertado para que los nietos tomen conciencia de la enfermedad y les ayuden. Los niños siempre estarán dispuestos a hacerlo. Depende de la edad se lo contaremos de una forma u otra, pero esta es una cuestión que trataremos en otro post.
Evidentemente es un tiempo de descanso, por eso el cuidador/a puede apoyarse de algún familiar o amigo para despejar la mente un rato. No hay nada más reparador que dar un paseo por la playa al atardecer o por la mañana.
Y por supuesto, lo más importante, no dejen de disfrutar. De aprovechar el momento, de vivir, de compartir, de crear, de sentir lo bueno y lo malo…
Y nunca se olviden de amar.

Si tienen alguna duda o consulta estamos en el Centro Atrade de Sevilla

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